Publicado el Jueves 24 de noviembre de 2005.
Autor: Sergio Álvarez Álvarez.
Actualizado el Jueves 24 de noviembre de 2005
LUWDING VAN BEETHOVEN, (1770-1827). Compositor alemán, nacido en Bonn, hijo de un tenor del coro del Príncipe elector de Colonia. Ante la precocidad musical del niño, el padre le dio las primeras lecciones a los cinco años de edad. En seguida aprendió a tocar el piano, el órgano, el violín y la viola. A los once años hizo una gira por Holanda, de la que se valió su padre para explotarle. Por darse éste a la bebida, trataba brutalmente a las personas de su hogar. El organista Neefe inició al muchacho en El clave bien temperado de Bach, le calificó de segundo Mozart en una revista publicada por Cramer y le colocó en la orquesta del elector como tañedor de viola. A los trece años Beethoven publicó sus primeras composiciones.
En 1787, marchó a Viena para estudiar con Mozart, y tres meses después regresó a Bonn por hallarse muy enferma su madre, que murió víctima de la tuberculosis, y por ser destituido el padre de su puesto a causa de su pésima conducta. El muchacho se ocupó desde entonces de sus dos hermanos menores. Volvió a Viena en 1792 y allí fijó su residencia para siempre. A partir de este momento estudió con Haydn, Salieri y Albrechtsberger. Sus obras juveniles, aunque influenciadas por la escuela de Mannheim, mostraban una gran personalidad. En los salones aristocráticos maravillaba por su arte de improvisador. Aunque afeaban su rostro los hoyuelos causados por la viruela y tenía un cuerpo rechoncho, era sumamente atractivo, a lo cual se unía su elegancia; mas a pesar de todo, no vio correspondidos el amor que le inspiraron Teresa de Brunswick, Giuliettagucciardi, Teresa Malfatti y Amalia Selbad.
Obstaculizó sus relaciones sociales una sordera progresiva, que le inspiró el trágico testamento de Heiligenstadt en 1802. Seis años más tarde dio su último concierto en público; pero en ningún momento dejó de componer música. Había llevado consigo a sus dos hermanos, pero, por azares de la vida, se vio obligado a abandonar Bonn. La muerte de uno de ellos en 1815 y el cargo de tutor que hubo de desempeñar con un sobrino huérfano le llenaron de sin sabores y amarguras. La implacable sordera, que se fue acentuando cada vez más, llegó a agriar su carácter. Aunque al principio intentaba disimular su mal, fue tan grande hacia 1819, que para poder comunicarse con otras personas, utilizó los famosos “Cuadernos de Conversación”, donde le formulaban por escrito las preguntas y él las contestaba por el mismo procedimiento. Su salud sufrió grandes quebrantos: en 1821, ictericia; en 1825 desarreglos estomacales, a lo cual se unió una disentería crónica. En otoño de 1826 pasó dos meses con su hermano Johann, que vivía cerca de Viena. El hermano no le permitió encender fuego a pesar del frío invernal y acabó enviándole a Viena en un carruaje descubierto. La humedad y el frío le produjeron un resfriado del que derivaron una neumonía y una hidropesía que le llevaron a la muerte el 26 de marzo. El hombre y el artista. Fue el primer músico que sintió la responsabilidad social de los seres humanos. Sus producciones representaban una confesión personalísima de su propio ser. A pesar de sus relaciones con príncipes y potentados, que le estimaban por su mucha valía, jamás fue un cortesano adulador y astuto. Como compositor tuvo una inagotable riqueza melódica, que elaboró sutilmente, una técnica armónica no muy alejada de la usual en los clásicos vieneses y una vigorosa fuerza rítmica. Se han distinguido tres fases estilísticas en su obra, donde resaltan las sinfonías Heroica, Quinta y Novena varios conciertos para piano, cuartetos, sonatas para piano y violín, la ópera Fidelio y la Missa solemnis.
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Si os ha gustado y quereis escuchar algunas de sus obras os propongo el siguiente enlace.
Iñigo Garrido Sánchez (5º de Ed. Primaria)
Esqueleto SPIP realizado por el equipo Atypik {.biz}